Entrevista con un vampiro español (II)

(Continuamos con la transcripción de la singular entrevista que un periodista del desaparecido diario «Ya» realizó a un vampiro allá por los años 70. El lector puede leer la primera parte siguiendo este enlace.)

Yo: Esos son muchos años.

SDH: Si vamos a tener la típica conversación llena de lugares comunes es mejor que pregunte a un doble de Bela Lugosi.

Yo: Perdón. Supongo que ha visto muchísimo en tanto tiempo.

SDH: Cualquier otro diría “demasiado”, pero le voy a decir la verdad. Prefiero estar en este estado que muerto de verdad.

Yo: ¿No está muerto entonces? Según el folclore de muchos países ustedes son muertos vivientes.

SDH: (Risa)

Describir la risa en el artículo. Grave, como si riera desde la profundidad de la tierra.

Ni mucho menos. Confieso que durante un par de siglos pensaba que sí lo estaba, pero a medida que la medicina avanzaba descubrimos que lo único que nos pasaba este teníamos un pulso débil, una temperatura demasiado baja, una especie de intolerancia a lo que no fuera sangre y una anómala alergia al sol.

Madrid de noche
Madrid de noche

Yo: ¿Es su condición una enfermedad?

SDH: ¡Es una bendición! Imagínese. Todos dirían algo sobre ver morir a la gente de alrededor. Sí, tuve esos ataques de melancolía. Pero se acaban pasando. No hay nada comparable a esto, a permanecer. Pero no me preguntaba eso: he investigado y le puedo decir que sí, que esta condición que me afecta es como una enfermedad. ¿Ha oído hablar de la peste negra?

Yo: Sí, pero de ser cierto la mayoría de los europeos de aquel entonces serían inmortales.

SDH: (Entrecruzó los dedos y se me quedó mirando. Juraría que sus ojos centellearon). Los virus mutan, señor (Se escucha algo parecido a una cortina moviéndose por el viento. Realmente fue Haro levantándose de su sillón y yendo a una estantería. Toma un libro, se escuchan pasar páginas). La peste se introdujo en Grecia en 1348, llegó a los Cárpatos un año después…

Yo: He leído al respecto. Pensaba que el origen del vampirismo se remontaba a la marca de Caín.

SDH: (ruido de un libro al cerrarse) No mezcle la religión con la historia. Quizá ahora me argumente algo sobre un tipo de rabia que se originó en el siglo XXIII a.C. en Babilonia, que se cita en el código de Eshunna… pero del mismo modo que hay diferentes tipos de gripe hay diferentes tipos de esta afección. Yo llevo siglos investigando y ya se lo puedo decir: lo que me afecta vino del territorio de la Horda de Oro, y gracias a los comerciantes venecianos llegó a Grecia. Allí la naturaleza del virus cambió y se extendió por ese país, los Cárpatos y Europa del Este. Un virus, un extraño virus que, aun desconozco por qué, a unos mataba y otros les dejaba en este estado. Ya le digo que yo no puedo estar muerto… un virus se transmite a otro sólo si el huésped y el contagiado están vivos.

Recuerda recalcar que en los monólogos se expresaba con fluidez, pero con cierta dificultad, como si tuviera dificultad para hablar su propio idioma. ¿Quizá no se ha acostumbrado a la evolución de su propio lenguaje?

Yo: Vivo, pero aletargado…

SDH: Exacto… y hasta cierto punto mortal.

Yo: ¿Se refiere al sol, a las estacas…?

SDH: Por Dios. Si a usted le clavaran una estaca en el corazón con alevosía también se quedaría seco. Respecto al sol, lo dicho… una alergia exagerada. ¿El ajo? Bueno… dicen que es un antibiótico natural. No creo que sanase mi cuerpo, pero mejor evitar esa planta y sus frutos. Por cierto, según cómo acaba de tocarse a la altura del cuello ahora me preguntará por los crucifijos.

(Otra vez el sonido de un tejido movido por el viento. Se había vuelto a sentar).

No se moleste. Ya los tengo muy vistos (susurra). Estuve en La Inquisición bastante tiempo.

Yo: Un vampiro buscando brujas y herejes es algo curioso.

(Otra vez la dichosa risa de ultratumba)

SDH: ¡Por Dios! ¿No se habrá creído todo eso de las torturas y las persecuciones? Sí, hubo alguna… pero nada comparado con las persecuciones del propio pueblo. ¿Se acuerda de las brujas de Zugarramurdi? Que yo sepa fuimos nosotros los que detuvimos los linchamientos (ira creciente)¡Lea los registros! ¡Observe las fuentes! ¡No llegaron a 3.000 personas en todo lo que duró nuestro trabajo! Y dese cuenta ¿Cuántas brujas de verdad hubo?, ¿cuántos monstruos?, ¿cuántos seres? ¡Ninguno! En todo caso eliminamos a gente que pudo hacernos daño si sus ideas hubiesen llegado más allá que las páginas de un panfleto.

Yo: ¿Ustedes…?

SDH: Convertimos lo que empezó siendo un tribunal de fe en un instrumento de protección. Nadie nos podía discutir nada y, de vez en cuando, dábamos gusto a los que nos mandaban. Y eso mantuvo la paz durante mucho tiempo. Al menos entre nosotros y ustedes. Ustedes ya estaban muy ocupados con las guerras de religión.

Inmortalidad

Yo: Espere… ¿Crearon una red de protección para seres como brujas, demonios…?

SDH: Más que demonios -esos no necesitan protección – fueron duendes, hadas… algunos de ellos eran mandados a otros lugares como lo que hoy es Irlanda o bajo la tutela de príncipes de Centroeuropa y Europa del Este. Cuando la situación dejó de ser segura empezamos a mandar a algunos a América… un territorio nuevo.

Yo: ¿Cuándo dejó de ser la situación segura?

(Juro, juro que los ojos le comenzaron a brillar con una tenue luz roja)

SDH: Lutero, Calvino, Enrique VIII…

Yo: Hoy se les tiene por grandes reformadores.

SDH: Siempre empieza igual. Quieren reformar, quieren corregir todo lo que otros hicieron mal. Luego empiezan con la pureza de pensamiento, de obra y de moral… y todo lo que les parece grotesco o antinatural debe ser eliminado. Dígame… ¿Cuántos seres “sobrenaturales” alemanes conoce?

Yo: No soy un especialista.

SDH: Y aunque lo fuese. En Inglaterra fue distinto: desde el principio hubo una resistencia. No muy organizada pero sí muy efectiva. Bogarts, Pixies… ¿Conoce a los “Gorro Rojo”?

Yo: Me suenan.

SDH: Una especie de ser con botas de hierro y un hacha que tiñen su gorro de color rojo con la sangre de sus víctimas. Fueron muy efectivos durante la lucha.  Bien es cierto que esas criaturas tenían mucha ayuda. Al fin y al cabo en Escocia e Irlanda apenas hubo persecución… hasta la época de Cromwell. Ya sabe: puritanos cazadores de brujas… esas cosas. Cromwell los organizó en una tropa, los Witchfinders se llamaban. Hicieron bastante daño, sobre todo a los hombres-lobo, pero lo dicho: otros seres más pequeños y escurridizos sobrevivieron.

Yo: ¿Y ustedes?

SDH: Hubo algunos locos que intentaron establecerse en esa isla una vez volvieron los reyes: Francis Varney consiguió el título de Sir, Mircalla Karnstein (suspira), la pobre Mircalla… estuvo a punto de ir a Albión por amor, pero… En fin… el que consiguió un mayor éxito fue el Valaco… aun a costa de su propia vida.

Yo: Con lo de “Valaco” se refiere a “Drácula”, ¿verdad?

SDH: Ustedes lo llaman así. El señor Stoker adornó un poco la historia; y bien es verdad que poner los pies en polvorosa sólo le sirvió al señor Vlad para ser destruido en su propio castillo. Pero sí tuvo éxito en Londres.

Yo: Me suena que ahora va a hablarme de Jack el Destripador.

(La transcripción de la entrevista continuará en una siguiente entrega)

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